Miras a tu alrededor, y lo que hay ya no es esa vieja caja de juguetes que tanto te gustaba. Ahora ves tu ordenador, las fotos de tus amigos. Echas de menos aquellos momentos, tu momento. Para algunos era el de irse a dormir, para otros el de irse al parque. El mío era levantarme y ver la sonrisa de mi madre, esa sonrisa que me iluminaba, que me hacía seguir, por ella.
Las cosas cambian, creces, te haces más grande, más lógico, más racional, menos infantil. Ya no lloras por una caída, ni por una regañina, ahora lloras porque te hacen daño, te hacen daño de verdad. Te pegan más fuerte, te rompen el corazón, te traicionan, te dejan de querer... la vida cuando creces deja de ser bonita.
En mi opinión... todo varía depende de la persona. Un niño maltratado que se libró de sus padres allá a los doce años probablemente ahora sea feliz, pero también es más consciente de qué ocurría cuando era pequeño. Sin embargo, aquel niño feliz, querido y mimado, es el que hoy llora, y mucho, porque está solo. Nadie le enseñó que la felicidad está en los que te rodean, le enseñaron que la felicidad está en todo aquello material que le podían proporcionar.
Pobrecillos, yo, personalmente, los compadezco. Es muy duro pasar de rico a pobre, pero más aún pasar de querido a odiado.
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