Muchas veces hallé en mi camino
Alondras que me quisieron atormentar,
Pero supe huir de ellas,
Esquivarlas y lanzarme al mar.
Pero fue cosa del destino
Que un cuervo me perseguía.
Se metió al agua conmigo
Desde la noche, hasta que se hizo de día.
Cuando logré salir a flote
Vi que él no salía,
Y en vez de sentir euforia,
Sentí que me moría.
Horas pasé sentada en la arena
Buscando aquel cuervo maldito.
Pero él no regresaba,
Y al caer la noche decidí seguir mi camino.
Durante un tiempo me fue bonito,
Olvidé el cuervo, el mar y lo maldito.
Durante un tiempo volví a ser feliz,
Pude al final volver a sonreír.
Pero poco duró este estado
De efímera felicidad en mí,
Puesto que aquel maldito cuervo
Quiso regresar para ponerme fin.
Él regresó con su sucio pico
Lleno de mentiras, burlas y cortejos,
Y yo, como necia,
Me volví a henchir con sus manejos.
Sin embargo, aquella vez
Su objetivo era diferente:
Hacerme cavar mi propia tumba
Y reírse de mí constantemente.
Al final el cuervo maldito
Se fue sin decir adiós,
Pero no sin antes cerciorarse
De que desmigajó mi corazón.